1 de mayo 2010
Dormí muy bien esa noche, contenta de habernos dicho lo que sentimos el uno por el otro, tengo la sensación de que todo fue muy rápido, en circunstancias normales una no se enamora tan pronto pero con cuestiones del corazón, no se puede remediar todos estos temas y lo que tenía claro es que estaba enamorada de él, pero me fastidiaba no verlo hasta la noche, me encantaría pasear, ir almorzar, estar más tiempo a su lado, es lo que me toca vivir hoy, ansiosa de que llegue el carruaje para ir a su casa y estar otra vez a su lado.
Pase un día revuelto, iba de aquí para allá en la casa, nerviosa, mirando mi vestidor para ver que vestido ponerme esta noche y estar realmente hermosa, es una tarea que no me resultaba difícil pero quería estar espectacular para mi Jens.
Eran las seis y media de noche, bueno digo noche porque aquí en Perm anochece pronto, llamaron a la puerta y era mi carruaje para ir al lado del hombre al que amaba, ya estaba lista así que me metí en él y me dispuse hacer el trayecto a la mansión, ansiosa y emocionada.
Mis padres se sorprendieron que volviera hoy también a cenar a casa de Jens, pero realmente se sintieron satisfechos porque veían que era feliz de estar con él y ellos lo vieron como una futura boda, ellos deseaban ya que su hija se casara, vaya y yo, en estos momentos también, cuando siempre he sido del pensamiento que no quería casarme, quería hacer cosas antes de hacerlo, pero creo que con Jens no tendré problemas en viajar y ver mundo, sería maravilloso, mi sueño completo. Me sumí en mis pensamientos y cuando menos me lo esperaba ya estábamos en la puerta de la mansión, el cochero me abrió la puerta del carruaje y me ayudo a salir, cuando me dispuse a subir las escaleras la puerta se abrió, era ese hombre tan cansando que vi anoche, el cual ni su nombre conocía.
-Buenas noches señorita Lébedev
-Buenas noches, ¿no está el señor Finkel?
-Si señorita, ahora se reunirá con usted, permítame acompañarla hasta el salón, el señor no tardara en estar con usted.
-Muy bien…
Me fastidiaba no saber cómo era su nombre, si le necesitaba para algo no sabría como llamarle, soy respetuosa y me gusta llamar a las personas por su nombre y sobre todo con el servicio.
-¿perdone, me puede decir su nombre?
-Me llamo Harry señorita.
-Ah bien Harry, encantada
-Gracias señorita, lo mismo le digo, si no me necesita me retiro para mis quehaceres, el señor enseguida viene.
-Bien Harry, aquí esperare.
Me quede esperando a que Jens se reuniera conmigo, estaba admirando un cuadro de algún familiar suyo cuando, de pronto, me cogían de la cintura, me agarro fuertemente y me apretó contra él, mientras susurraba mi nombre al oído, la piel se me erizo, acariciaba mis caderas, mi vientre, subía por mi cintura hasta llegar a mi pecho, mi respiración se entrecortaba, el besaba mi cuello, y yo jadeaba del placer de notar sus besos, estaban helados pero ardientes a la vez, me dio la vuelta y me beso en los labios, empezó siendo un beso inocente pero se iba haciendo más fogoso, más apremiante, buscaba mi lengua a la que encontró y respondió a ese beso tan apasionado, mi cuerpo flotaba, estaba en el limbo, apreciando cada detalle de su beso, sus manos acariciándome, deseaba a este hombre con todo mi ser, lo que más me sorprendió es que me mordiera el labio, un mordisco sutil pero di un respingo al notar un pinchazo, al tiempo que me acariciaba con la lengua en los labios, note ese sabor de la sangre en mi boca pero él lo aliviaba, chupaba mi labio y estaba extasiada, me resultaba excitante ese juego suyo, cuando pude abrir los ojos vi algo extraño en su mirada, volví a ver esa cara tan siniestra que había visto antes y me desconcertada, abrí los ojos como platos y él se dio cuenta de la reacción que tuve y de pronto se volvió, me dio la espalda y se alejaba de mi.
-Jens, ¿Qué fue eso?
-Nada, no fue nada.
Se dio la vuelta, dándome la cara y estaba bien, como siempre, no sabía que había sucedido pero era algo extraño y en esos momentos me daba algo de miedo, miedo a esa cara, esos ojos tan extraños que me miraban como si fuera, una presa, una gacela a la que cazar.
Me estuvo enseñando la mansión, las habitaciones donde estaba su despacho, su sala de lectura, era impresionante tenía una biblioteca inmensa, me encantaba leer, ahí me perderia de buen agrado, llegamos a su dormitorio era grandísima, tenía hasta una pequeña salita donde se podía sentar a leer, o escribir, yo no saldría en todo el día estando con él, su cama era de unas dimensiones bastantes amplias, para perderse debajo de las sabanas y dejar nuestra pasión por doquier, pero no fue así, pasamos una buena noche, hablando, reímos, estaba encantada de estar con él, no quería irme a casa, quería estar siempre a su lado, me sentía muy a gusto, pero de vez en cuando venían los flases en mi cabeza, el rostro con el que me miraba después del beso, me inquietaba y no sabía el por qué.
Dimos un paseo, me estuvo enseñando los jardines de su palacete, eran muy bonitos y seguros que a la luz del día era mucho mejor, pero el estar con él, paseando en una noche tan perfecta, me daba igual que fuera de noche que de día, nos paramos en un templete, era muy acogedor e intimo, estaba iluminado con unos farolillos, habían unos bancos donde podíamos sentarnos y eso hicimos, nos sentemos en uno y nos miramos a los ojos, esos ojos verdes que tanto adoraba, sin decir una palabra, solo con mirarnos nos decíamos un todo, y me volvió a besar, sus besos hacían que no pudiera moverme, era una fuerza superior a mí, como si se apoderara de mi cuerpo, de mi ser, era una fuerza de tal magnitud que estaba a su merced, al tiempo que me excitaba cuando me besaba de esa manera, me sentía vulnerable y eso me asustaba en cierto modo, pero ahí estaba, saboreando esos labios, sintiendo esas manos que me apretaban contra su cuerpo, el cuerpo que tanto deseaba tener, poseer y que él me poseyera, no podía respirar, me ahogaba tanta excitación y tuve que frenarme, porque me iba a dar un colapso, el noto mi falta de aliento y dejo de besarme, me miro y le salió esa media sonrisa suya que tanto me desconcertaba, no sabía que era tan gracioso, pero a mi pesar tenía que irme a mi casa.
-Jens, debo irme.
-Si, lo sé, pero…. No me apetece nada dejarte ir.
-¿no me acompañas a casa?
-¿quieres que lo haga?
-Por supuesto que sí, quiero que vengas, no deseo separarme de ti pero tengo que ir a mi casa, una señorita como yo, respetable, no puedo ir levantando murmullos.
-No me importa la gente, ni lo que digan ni dejen de decir.
-Me parece bien, pero es hora de retirarme.
-Bien, pues vayamos entonces.
El viaje de regreso fue duro, no deseaba despegarme de él, era un hombre que me hacía sentir adicción por estar a su lado, por sus besos, por sus manos, por estar con él y no sabía que es lo que podía ser, nunca me había pasado y sinceramente me extrañaba, era tan fuerte la atracción de estar a su lado, que no la veía normal, puede que fueran tonterías mías, pero nunca había experimentado nada de esto con un hombre, pero deje esos pensamientos para más tarde, ahora quería aprovechar todos los minutos que me quedaban por estar a su lado, llegamos a casa, para mi desgracia y me dispuse a despedirme de el.
-Buenas noches, Jens
-Buenas noches Aleksandra, que descanses.
-Si, así lo espero, haz tu lo mismo, ¿Cuándo nos volveremos a ver?
-Pronto, tengo que salir unos días por trabajo pero en cuanto llegue vendré a por ti.
-Oh, vaya, un viaje, te echare de menos.
-Yo también, buenas noches Aleksandra, dulces sueños.
Me beso en los labios, un beso casto, pero no se que tenían sus besos que me descolocaba, mi pulso se aceleraba deseando que no parase nunca de hacerlo.
No me había dicho nada de su viaje de negocios y me puse muy triste, no sabría cuando lo volvería a ver, pero le esperare, con el recuerdo de sus besos y sus manos sobre mi piel que tanto ardían por volverlos a sentir.

1 comentario:
Se pone interesante,seguire leyendo.Besos nena:*********
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